Esta es la fábula de Héctor de Minerva Aflerez. No era racista. Pagaba sus impuestos. Rara vez pidió un aumento en su sueldo, es cierto que algunas veces utilizó justificaciones médicas (falsificadas por Joaquín su vecino alquimista) para faltar al trabajo y quedarse en casa viendo las nubes correr, pero poniéndonos la mano en el corazón, él era el ser viviente indicado para el nuevo puesto que el Rey había creado. En su lugar le dio el puesto a un perro que tenía como mascota hace dos meses. Héctor se deprimió tanto de su miseria que se suicidó, no sin antes escribir una nota dirigida hacia el Rey manifestándole toda la aversión que tenía frente a la decisión que tomó de darle el puesto a su perro y no a él. También le recalcó el bajo nivel intelectual que denotaba dicha elección.
Bueno, la cosa es que, según los historiadores, nunca existió, a lo largo de la historia feudal, un mejor asesor de comercio como el perro que tuvo o al menos eso dicen los libros. Lo triste de la historia es que este asesor no duró mucho porque mientras ocupaba su cargo empezaron a ocurrir varios cambios político-sociales en toda Europa y las formas de comerciar eficaces en su mandato se tornaron obsoletas. Así vivió de perfil bajo durante algunos siglos (también resultó que era inmortal el perro) y finalmente ayudó a producir el primer LP de The Stooges. Según la Rolling Stones, incluso hizo la mayoría de las letras del Album. La moraleja está clara chicos. Fin.







