Podré estrechar las Biblias de Tijuana en mis brazos. Estaré muerto, pero valdrá la pena, suponiendo que el cerro no es una bola de musgo gigante y que nosotros somos algo más que los parásitos de un hongo intergaláctico. Ese día le sonreiré al cuervo que jode a la iguana que caga religiosamente todas las mañanas en la entrada del edificio donde trabajo. Ouróboros interdisciplinario.
Y yo que tan joven, ahora hablo como viejo. Y yo que tan parricida, resulté ser resentido porque los mecenas nunca me paran bola.
Acá la poesía resultó ser una construcción de los medios, dándonos esperanzas para no suicidarnos y poder seguir trabajando.
Jefe: Dígame, Alvarado ¿qué sucede?
Poeta: Es que…Señor…Es que necesito un aumento o más que sea que me afilie al seguro.
